Un joven con incapacidad absoluta que aún no había empezado a trabajar
El problema
Un joven de veintitantos años sufrió un atropello con secuelas neurológicas muy graves que le incapacitan para cualquier trabajo. No trabajaba en el momento del accidente: solo había cotizado unos meses con un contrato temporal. Sin ingresos que acreditar, la pérdida de su capacidad de ganancia podía quedar minimizada o discutida.
Cómo lo resolvimos
Analizamos su vida laboral con los criterios de la Guía de Buenas Prácticas del baremo y acreditamos que aún no se había incorporado al mercado de trabajo. Eso permitía encuadrar el caso en el artículo 130 de la Ley 35/2015, previsto para lesionados jóvenes pendientes de acceder al empleo. Aplicamos la tabla 2.C.7 vigente a la fecha de estabilización, con la actualización que exige la reforma de 2025, dentro de un dictamen global con el resto de perjuicios.
Valor aportado
Convertimos una situación sin ingresos acreditables en una partida de lucro cesante de más de medio millón de euros, apoyada en la norma y en los criterios oficiales de interpretación. Así neutralizamos el argumento de que «no tenía ingresos que perder».